Hoy en día, quién más quién menos sabe que existen frigoríficos que permiten programar un aviso para recordarte que te estás quedando sin leche o sin yogures, y también timbres que permiten ver quién quiere entrar en tu casa, aunque no te encuentres ni en el mismo continente.

Estos solo son dos ejemplos de lo que podemos hacer gracias al IoT (Internet of Things), la tecnología que permite transformar los dispositivos analógicos y tradicionalmente “tontos”, como los mencionados anteriormente como el frigorífico, en dispositivos digitales, y del mismo modo, potencialmente inteligentes.

Si tenemos en cuenta que tener en nuestra casa una nevera o un timbre inteligente, puede hacernos tener una vida algo más fácil, para una pequeña empresa, los beneficios derivados del IoT pueden ser mucho mayores:

  • El primer ejemplo lo podemos encontrar en un pequeño agricultor, que podría mejorar sus cosechas, al mismo tiempo que ahorra agua de riego, gracias a la implantación de sensores gestionables desde un Smartphone, monitorizando el crecimiento de las plantas.
  • Del mismo modo, cada vez más fábricas utilizan algún tipo de robot en su día a día, que pueden ser gestionados 24/7 de forma totalmente autónoma, gracias a diversos dispositivos que avisan a los técnicos de reparaciones, en el caso de que el robot falle o se estropee en algún momento.
  • Otras empresas, utilizan algún tipo de sensores para poder tener su inventario actualizado en tiempo real, detectando si un producto se ha consumido o se ha entregado, porque ha sido retirado en su estantería, y por tanto, avisan de que hay necesidad de reponerlo.

En cada uno de esos ejemplos, existen casos de negocio que justifican la inversión necesaria en cada uno de los equipamientos que hemos nombrado, por parte de una PYME, gracias a las ganancias de productividad, la diferentes eficiencias operativas y las mejoras generales en la calidad de los diferentes productos finales, obtenidas gracias a implantar un proyecto de IoT. Estos múltiples casos de negocio, salen rentables gracias al cloud computing, es más, el auge del IoT no tiene sentido sin el cloud.

Para entender todo esto, debemos tener en cuenta que en la actualidad existen unos 10.000 millones de objetos conectados a internet, y cada uno de los cuales, genera datos y datos…pero existe un inconveniente común en todos ellos: no hacen absolutamente nada con esos datos que van generando. Dicho esto, podemos afirmar que la nube es básica para abaratar los costes de almacenamiento y posterior procesamiento de los datos, generados por los dispositivos conectados a la red.

Por tanto, todos estos datos generados por los diferentes objetos, deben ser enviados a la nube, para de este modo poder obtener de ellos información valiosa, que nos ayude a tomar las mejores decisiones. Es decir, a la nube le va a llegar una avalancha de datos enorme, y es solo el principio.

Ahora mismo no está del todo claro, que la nube esté correctamente preparada para poder procesar toda esa avalancha de datos, a pesar de las magníficas capacidades que tienen los data center que la componen. Por tanto, una de las claves del futuro próximo, pasa por aumentar el poder de la computación a los extremos, por lo que los que ahora se crea un nuevo concepto, “la niebla” (fogcomputing), o lo que es lo mismo, hacer que los dispositivos finales, tengan la mayor capacidad posible, par poder tratar la información procedente de la nube, y aligerar de este modo, los datos procesados por la misma.

La compañía Cisco fue la que creó el término de Fog Computing, usando el concepto de gotas de agua (fog), que no deja de ser niebla en función de la altura en la que se acumulen. Llevando esta idea a la computación, la niebla acerca el procesamiento de los datos al suelo, mediante los “fog nodes”, que son nodos de procesamiento previos, y que actúan de pasarela entre los diferentes dispositivos IoT y la nube, de modo que aligeran la carga de trabajo de ésta.

Del mismo modo, se habla también de Edge computing, cuando nos referimos a que los dispositivos IoT están consiguiendo la suficiente inteligencia, para poder procesar la información que generan ellos mismos, antes de enviar los datos a la niebla, o incluso más arriba, a la nube.

Dicho esto, no hace falta aclarar, que el cloud computing no ha dejado de ser necesario para gestionar los diferentes dispositivos IoT. Simplemente significa que el edge computing, es más adecuado cuando precisamos de mucha velocidad y baja latencia en las transferencias de datos. Un ejemplo perfecto de esto, es el coche autónomo, ya que existe mucha información que debe procesarse en tiempo real, sin poder esperar a que dicha información, sea transferida a ninguna nube. La nube seguirá siendo tremendamente protagonista, cuando haya que analizar grandes cantidades de datos, que necesiten de mucha potencia de cálculo.

Para finalizar, tener claro que el binomio IoT – Cloud Computing, permite que cualquier empresa, sin importar su tamaño, pueda acceder en tiempo real a información muy valiosa y por tanto, clave, sobre sus procesos. Además, esta información está organizada de forma clara para facilitar la toma de decisiones rápidas, a fin de mejorar en su productividad y en la experiencia de sus clientes.